La pesadilla

    Hoy no es un día en el que tenga muchas ganas de escribir, pero es necesario que relate esto.

    Amo me está ayudando mucho a pasar un gran trauma. En él están involucrados los golpes, insultos y desprecios, cosas que aún, a día de hoy, no tolero (aunque suene irónico). Hoy tuve un flashback por así llamarlo. Amo me dijo un nombre raro pero no me acuerdo. 

    Esta noche, de repente, un estímulo desató un trauma incontrolable. Sentía que me estaban dando una paliza, sentía que cada pliegue de la sabana sobre mi piel era una patada, mi cuerpo, en respuesta se movía frenéticamente, dando patadas al aire, braceando y llorando. Amo me llamaba por mi nombre y no reaccionaba, solo lograba hacerlo cuando alzaba un poco la voz y lograba sacarme de ese trance tan doloroso. Salía llorando suplicando, y en cuanto escuchaba su voz el dolor no desaparecía, disminuían poco a poco, pero seguía ahí. Dejaba todo mi cuerpo temblando y de la nada regresaba cuando mi cuerpo comenzaba a relajarse, cuando mis pulsaciones disminuían, yo cerraba los ojos agotada, y aparecía otra vez, pero más fuerte aún.

    Por fin, caí rendida entre sollozos, acunada por la voz de mi amo, lentamente mi respiración se calmó, y animada por su voz, me dormí.

    
        
    Se que este capítulo no es muy largo, pero ruego comprensión. No fue un momento fácil, ni para Amo ni para mí.

amo

 ¿Quién es ese hombre que tiene tal poder sobre mí? ¿Aquel que es capaz de calmar mi dolor, silenciar mis llantos, y aclarar mi turbada mente.

Había tenido una noche mala, muy mala la verdad. Se me estaban mezclando muchas cosas, se acercaba la fecha, esa fecha, lo cual hacía que mis pesadillas eran cada día más recurrentes. Tenía un dolor de cabeza constante y ganas de llorar todo el tiempo. Además, esto causaba que en casa no parase de discutir con todo ser vivo con el que me cruzase.

Como podréis imaginar, ese día había discutido con mucha gente, peleado, gritado y también me había cagado en todo. Esa noche, en concreto, terminé a gritos con mi madre. Y en medio de un ataque de ansiedad, no paraba de llorar y llegue al punto de que me costaba respirar. Así que llamé a Amo para que me distrajera un poco de mis mierdas. Despacito, Amo logró hacer que mi respiración cambiase, me hacía preguntas las cuales yo trataba de responder lo mejor que podía, hasta que, aunque me costaba un poco, logré hablar bien. En ese momento me di cuenta de que él era mi Amo. Si no, no podría silenciar mis lágrimas, porque nadie puede hacerlo. Así pues, le deje caer que sí alguna vez se plantearía tenerme a mi como su sumisa.

 Y así fue como al poco tiempo de conocernos, Amo me aceptó como su sumisa, en una noche oscura, teñida por lágrimas y suspiros, en un intento de rescatarme de las tinieblas. Poco a poco, la voz de Amo, a base de palabras alentadoras logró silenciar mis llantos, lentamente, mi respiración empezó a regularse. El silencio reino momentáneamente, y así, mientras mi cabeza daba mil vueltas por segundo, me armé de valor, y le pregunté si me aceptaba como sumisa. Amo me aceptó dándome la oportunidad de pedirle una sola cosa, la cual no necesitaba pensar mucho, de mi garganta se escaparon algunos sollozos más, y le dije:


  • Solo quiero que me cuide, Amo.


Creo que se extrañó un poco, pero sabía que iba a pedírselo, estaba rota por todos lados. Amo me comparaba con un hermoso jarrón japonés, los cuales reparan con oro cada vez que se rompen, haciendo así resaltar sus daños y  que se vean hermosos. En ese momento me dijo que lo haría. Yo se lo agradecí con una pequeña sonrisa que, a pesar de no verla, se que Amo la notó.  Amo  me dijo que eso entraba ya en sus obligaciones como amo, y aun así lo hizo.



Con el paso del tiempo reiteré mi idea. Lo que más necesitaba era que Amo me cuidase, pasase lo que pasase. No estaría mal que me quisiese, pero lo que más necesitaba eran cuidados, muchos cuidados. Mi pequeño corazón no podría soportar más golpes de los que ya había llevado, y uno de ellos aún era muy reciente. Ese día, el 24/7, dio comienzo una gran aventura, la cual disfruto al lado de una persona que pasó de ser un extraño a la piedra angular de mi día a día, aquella con la que pasó la mayor parte de las horas de mi día.

 Nunca pensé que necesitase de alguien hasta el punto de no poder imaginarme como sería irme a dormir sin que su voz me dejase suavemente sobre los brazos de Morfeo. Aunque la verdad es que no quiero regresar a ese punto, pues mis noches eran mucho más largas de lo que lo son hoy. Y con ello se alargaban mis días.


¿Como empezó todo? El primer contacto

El primer contacto siempre es un momento inolvidable entre dos personas. Y más el de una sumisa y su amo. Cuando hay algo que de repente despierta el interés en esa persona. Mi entrega comenzó con algo tan sencillo como una búsqueda en la web. El día anterior al encuentro había hablado con un dominante con el que solía comentar mis dudas, o pedirle consejo, y algunas veces me recomendaba lecturas para saber un poco cual es el origen del BDSM. Me habló de un dominante muy conocido, y allá fui yo, a leer su página web.

Estuve un par de horas en ella hasta que vi una pestañita en la que había un enlace a un grupo de contactos, me intrigaba bastante y allá fui de cabeza, la verdad, no sabia como moverme muy bien, pero tenía claras un par de cosas sobre el protocolo, con eso y observar me vi capacitada para adentrarme en el. Leí las normas a conciencia, debía presentarme ser respetuosa tratar a todo el mundo de ud y un par de cosas mas que no vienen mucho a cuento. 

La cosa es que poco a poco comencé a encontrarme cómoda, aunque había una domina que no me acababa de encajar muy bien (la cual mas adelante tendra un papel importante en nuestra história). Salvo por eso, y que había una brat que también me chirriaba con el resto de la gente me encontraba muy agusto.

 Estuve unas cuantas horas hablando, seguí el consejo de un par de integrantes puse mi nick en minúsculas y entre paréntesis la s “jane (s)”.  De entre toda la gente, llamó mi atención un dominante, no sabría decir muy bien el porque, si su foto de perfil; quizás su nick. La cosa es que me llamó la atención. Emanaba ya de por sí fuerza, y eso me interesaba, sin atreverme a pedirle un privado hablaba con él más que con el resto del grupo, hasta que a las cuatro o cinco horas que duró este juego me preguntó si podía hablarme al privado, cosa a la que yo accedí, pues estaba dudando de si debía una sumisa pedirle privado (pv) a un dominante. Este fue el primer día en el que hablamos sin ser observados. Un día en el que conoció un poco más de mi pero no todo, vio la capa exterior, el maquillaje que cubría todas mis marcas por así decirlo. Le di las buenas noches sin saber que eso se convertiría en una rutina, y me pase por el grupo para hacer lo mismo, y después me acosté. Ya  tarde para mis horarios de costumbre, mi cabeza no paraba de dar vueltas sobre lo que acababa de pasar, y entre unas cosas y otras me dormí. Y esa noche no iba a ser menos que las otras, esperando a que quedase derrotada sobre las mantas de mi cama, estaba esa pesadilla acechándome, la causante de mis pocas horas de sueño y mi frustración continua.

Desperté malhumorada, preparando las cosas que me hacían falta para irme a casa de mi abuela. Así es, en pleno estado de alarma, no por gusto, sino por necesidad, tenía mil cosas que entregar y ninguna posibilidad de hacerlo desde casa. Me armé de mascarilla, gel, y un par de cosas más y me puse a caminar hacía la casa de mi abuela. Llevaba ropa para estar allí todo el tiempo que necesitase sin problemas, por el camino hablaba con una amiga, y le di los buenos días a mi madre. Me crucé solo con una persona, él por su lado y yo por el mio, tratando de alejarnos lo más posible, llegue a casa y pude por fin responder a sus mensajes. La verdad, este día no trabaje nada, me lo pasé hablando con él. Hice acto de presencia y cumplí con las entregas, pero siempre que podía miraba y respondía lo que él me escribía. Por la tarde, mi madre me recordó que tenía que ir a ver a mi psicóloga, la primera vez en más de tres meses que salía de casa a algún sitio ¡Se me hizo todo tan raro!

Tras casi hora y media de consulta, salí con los ojos llorosos y necesidad de calor humano, el cual ahora es casi impensable. Mi pequeño caparazón se debilita un poco cada vez que voy a la consulta y tarda unos días en responder.

Pasaron las horas, y se dieron las doce, todo el mundo en su cama a dormir. Y aunque yo no tenía ese plan, Amo me tiro de la lengua, quería saber mi historia. Le conté todo. ¡Todo! Dieron las tres de la mañana, y por primera vez, Amo fue capaz de calmar mis lágrimas, y lograr que me sintiese segura aun dejando mi alma desnuda ante él.


La historia continuará pronto.


¿Quién soy? ¿Qué hago aquí?

¿Quién soy yo? Bueno, esa es una pregunta que puede tener una respuesta fácil para muchos, pero no para mí. Sé que soy una chica de 18 años. Qué hace ya años que conozco el BDSM, pero nunca me vi capacitada para practicarlo. Pero había una cosa que quería saber ¿Las fantasías que tenía son posibles? ¿Estoy loca? Eso es algo de lo que muy pronto tendría la respuesta.

Mi historia en el BDSM comienza con 16 años. Estaba llena de curiosidad. Poco a poco fui descubriéndome y dándome cuenta de que la verdad. Y es que es algo que necesitaba en mi vida. 

Este año, por fin, me arme de valor. Me adentré en la comunidad y relacioné con algunos miembros ya veteranos. Con ellos me informarme más allá de lo que las páginas web pueden contar. Conocí a varios dominantes, con los cuales no estaba cómoda, aún con un pequeño periodo de prueba. 

Mes tras mes, logre aprenderme el protocolo, y como sobrellevar un poco mejor el dolor. Aprendí algunas de las posiciones. Descubrí el maravilloso mundo del Bondage, y la hermosura del Shibari, y comencé a practicar sobre mí y sobre viejos muñecos. Muchas veces por simple relajación y porque me entretiene juguetear con las cuerdas (cosa que sigue aun a día de hoy, nunca falta en mi bolso una pequeña cuerdecita con la que juguetear). Ver que aquello que se pasa por mi cabeza, mi creatividad, se plasma en las cuerdas. Desde la inmovilización más simple a complejos arneses de suspensión, todo sería ponerme a ello, practicar, aprender, y mejorar. Pero eso es algo que tendrá que esperar.


Otra noche

  Estoy sentada en el ordenador, llevo toda la tarde entre apuntes y papeles, creo que estoy empezando a rozar la borrachera por exceso de i...