Otra noche

 Estoy sentada en el ordenador, llevo toda la tarde entre apuntes y papeles, creo que estoy empezando a rozar la borrachera por exceso de información cuando el zumbido del móvil me saca de mis pensamientos.

 Mis movimientos son lentos, casi torpes debido a las horas que llevo en la misma posición. La pantalla se ilumina otra vez, y veo el nombre de Amo, es raro que me escriba a estas horas, así que desbloqueo el móvil mientras aun no estoy del todo con la cabeza en su sitio.

  • skadi, ponte guapa para mi no espera una noche larga.

Tranquila no saldremos de casa.

  • Sí Amo


Me quedo un momento mirando la pantalla ahora bloqueada, 23.40.

Son casi las 12 de la noche. Mierda!!!


Me levanto de un salto, corro a la habitación y rebusco en el cajón buscando esa dichosa maraña de tela blanca,  que estaba enredado entre el resto de la ropa.


Me voy a la ducha y casi como si de una ceremonia se tratase, empiezo a peinarme el pelo, seccion por seccion para que sea más fácil desenredarlo después. Abro el agua caliente y mientras espero a que esta llegue, abro spotify y pongo “Home, Deyaz” y justo cuando empieza a sonar me meto en la ducha, con mimo lavo mi pelo, exfolio mi piel y entre tanto escucho la puerta del baño abrirse lentamente.


  •  Buenas noches Skadi, veo que aun no estas lista, tómate tu tiempo, te avise tarde, cuando estés vete a tu rincón.


Apuro un poco el paso, no quiero que tenga que esperar mucho por mi,, me aseguro de oler a vainilla, antes de salir, reviso por un momento cada centímetro de mi piel y repaso mentalmente las cosas que tengo que tener listas


a ver... la piel las uñas y el pelo listo, solo necesito secar y trenzarme el pelo, y pintarme los labios.


 Salgo de la ducha y tras secarme el pelo me tomo un par de minutos para respirar.

con mucho cuidado, me cepillo el pelo, lo separo en dos y empiezo a trenzar rápidamente.

Me pongo el vestido y colocó el collar en su sitio, apretando para que me recuerde dónde y con quien estoy, respiro hondo una vez más y camino despacio. Creo que faltan pocas sesiones para cambiarme el collar.. por un lado me apena, pero por otro estoy saltando por dentro, es una etapa nueva, con mucho camino que recorrer-


Mientras estaba encerrada en mis pensamientos, escuche a Amo trasteando en la habitación, abriendo y cerrando cajones y puertas. 


Antes de salir me miro al espejo una última vez, ¿está todo como tiene que estar?

Dispuesto sobre la cama veo una mordaza, y la vara de bambú, se que hay mas cosas peri ya estoy pisando la alfombra que indica donde me tengo que colocar esta noche. Me dispongo a colocarme sobre ella cuando Amo se acerca a mi, me sujeta la cara, y tira suavemente del collar para comprobar que está puesto como a Él le gusta. 


  • ¿A dónde vas tan rápido skadi? 

  • Lo siento Amo, me disponía a colocarme en mi sitio.


Tras esto, Él se agacha lentamente y dispone dos filas de cinco lápices dejando una separación entre ellos.

  • Ahora sí pequeña, ven aquí, colocate en posición e intenta no mover los lápices, ¿si?

“Vamos allá” me digo mientras me coloco en posición Nadu, siento como los lápices se van abriendo camino lentamente en mi piel, al mismo tiempo, mis oídos van buscando sus pasos, mi cuerpo ansía su contacto, y  mi mente empieza a ceder el control.


Escucho como Amo me rodea lentamente, noto sus dedos sin llegar a tocar mi piel, siento como se acerca y como se aleja. Con su mano acaricia mi cara lentamente, cubre mis ojos.

  • skadi, ¿por qué estás aquí?

  • Estoy aquí para servirle Amo, desde el primer día que tomó mi mano hasta hoy. Gracias por permitirme servirle Amo.

  • ¿Confías en mí?

  • Siempre Amo.

  • Muy bien skadi, ahora abre la boca.

Cambios

     Es curioso como con el paso del tiempo todas las personas cambian, de un día para otro, después de meses e incluso años. Y como no, nuestra pequeña relación no iba a ser menos; y  con el permiso de todos aquellos que quieran leerme, dejaré aquí una pequeña carta.

    Nuestros primeros meses juntos fueron un maravilloso caos; aprender a entendernos, a compartir y a soltar, mis primeras clases de baile, su primera vez cocinando en la que por aquellas era mi cocina, nuestros largos paseos al volver de a saber que lugares y las largas presentaciones. Si me permite Amo, he de decir que fueron meses muy caóticos para mi, usted tenía un ritmo de vida demasiado movido para lo que era mi vida antes de conocerle.

    Pasaron los meses y poco a poco encontramos el equilibrio perfecto entre su rutina y la mía, y como no, a nuestras formas de servir y de dejarse servir, usted se acostumbró a mis detalles y pausas , y yo mientras tanto a sus caricias y miradas. Llegando así al momento en el que tan solo con una mirada ambos sabemos que buscar en los ojos del otro. No se me ocurre mayor complicidad que poder decir todo a otra persona con un par de pestañeos.

    Así, día tras día, llegamos a hoy, el motivo por el cual estoy escribiendo esto no es ni más ni menos, que esa banal conversación sobre asociar colores a objetos y conceptos. Saltando de uno a otro, inevitablemente llegamos a preguntarnos los colores a los que cada uno asociaba nuestro rol, empecé preguntando yo (para una vez que puedo llevarle la delantera en algo, sabe que lo haré) y su respuesta fue, que  la dominación era una mezcla de rojo, azul y blanco. Después me preguntó de qué color era para mí la sumisión, y la respuesta fue tremendamente similar para un concepto tan diferente. A  mis ojos, es un blanco manchado de forma casi imperceptible con lila, sus mismos colores aunque diferente. En ese momento le hablé de que para mí es más que pasión y serenidad, es confianza plena y pura, la tranquilidad de poder poner en manos de otra persona lo más importante para uno mismo y saber que la otra persona lo cuida y respeta como si fuese propio. 

    También acabamos hablando de lo contrario, como vemos el rol opuesto si nos tuviésemos que poner en el. Una vez más la respuesta fue demasiado similar para términos tan distintos. Según usted, la sumisión es una atadura, un castigo, casi una tortura, al igual que yo no naci para ejercer mi voultad sobre otros, tampoco para castigar. En mi caso, nací para acompañar en silencio, un paso por detrás, ni demasiado cerca para molestar ni demasiado lejos como para que pueda costar encontrarme. Y justo así nos paseábamos por la tienda, manteniendo esta conversación; sobre sus manos las cosas que precisamos para arreglar el dichoso mueble, sobre las mías una vara fina y un gran paquete de bridas. En principio éramos una pareja normal haciendo recados en la tienda, y sin palabras, simplemente con una mirada, pasamos a ser de vuelta solo nosotros, y como no, usted pinchándome con sus hábiles palabras para hacer salir mi ingenio.

    Nuestra mirada cómplice es más que suficiente para saber que aun contra viento y marea estamos juntos contra todo aquello que se nos pueda cruzar. Nada me hace sentir más  segura que saber que es usted el que agarra mi mano al caminar, así como saber que sus manos sostienen con cariño y firmeza el eslabón final de mi collar. Amo, usted ha logrado muchos cambios en mi, y del más grande al más pequeño de todos ellos, le estoy grandemente agradecida. Sabe hasta dónde tirar cuando no me atrevo a dar el paso, también cuando es el momento de acompañar en silencio pero sin dejar de pegar el tirón justo en el momento pertinente.

     No me queda más que dar una vez más las gracias por todo el tiempo que podemos pasar juntos y recordarle que mi sitio seguro siempre será a sus pies.


Transición

Me gustaría haceros una pregunta, ¿ que es para vosotros el Amor?


Lo más probable es que si me lees con cierta continuidad, ya sabrás de sobra que soy un puñado de sentimientos y sinceridad cuando escribo. Siento que  cuando dejo de lado todo lo físico, puedo expresarme muchísimo mejor. 


Supongo que no soy la única que cuando tiene un nudo en la garganta se arma de papel y lápiz para dejar salir todo lo que tiene dentro, aunque muchas veces no funciona, esa hoja no es lo suficientemente grande para poder desenredar el corazón dejándolo todo en un  hilo de grafito. 


Cuando pensamos en el amor, pensamos en la parte bonita, nos imaginamos escenas de películas que todos conocemos, también se nos vienen a la cabeza los ramos de flores, los bailes en la cocina, las escenas ñoñas que nadie cree que pasan… Pero para mi, el amor es mucho más que eso, el amor es un abrazo en un mal día, esa sensación de estar agarrado a una boya en medio del océano, y poder respirar tras horas y horas nadando desesperadamente.


Con el pasar de los años, uno se da cuenta de que el amor es mucho más de lo que se ve en la gran pantalla, (quién no ha soñado alguna vez con un romance a lo disney) y si, es precioso vivir un romance así, con canciones de fondo, paseos de la mano y demás. Pero para mi es mil veces mas bonito el amor de verdad, una relación con su día a día, con sus altos y sus bajos, el hecho de llegar un día a casa y poder dejar la máscara colgada en el perchero, poder ser uno mismo, con sus manías y sus pequeños placeres (decidme que no soy la única que adora sentarse en el sofá de noche a mirar por la ventana mientras escuchar caer la lluvia), que hay más bonito que tener alguien con quien compartir esos pequeños momentos, que muchas veces, son los que logran hacer callar a todas esas voces que nos torturan, esas odiosas vocecillas que cuestionan cada paso, cada sonrisa y llegan hasta a hacerte dudar de si estas respirando en el momento que toca.


Ahora me doy cuenta de que lo mejor que le puede pasar a uno, es esto, tener a alguien al lado que te dé un abrazo cuando estés mal, que solo con una mirada sepa exactamente lo que quieres, que un dia que no tengas ganas de hacer la cena, sea esa persona la que la haga para ambos, que sí da cuenta de que te olvidas de algo en casa, no le importe acercarlo a tu trabajo o al sitio donde estés. sea o no una relación D/s.


 Dejando esto un poco al margen, sé que llevo mucho tiempo desaparecida pero todo este tiempo conseguí descubrir muchísimas cosas sobre mi que nunca pensé que viviría y  mucho menos de la manera en la que vivo las cosas a día de hoy. Hace más de un año se cerró un capítulo de mi vida, Rin me ayudó a crecer como persona, pero nuestras vidas siempre fueron en dirección contraria, y por mucho que ambas personas quieran que eso funcione si no se va en la misma dirección, es prácticamente imposible, pero como todos sabemos, cuando una puerta se cierra, se nos abre una ventana, ha sido un año duro, de conocerme a mí, socializar, ir a mi primer evento  BDSM y disfrutar cada dia un poquito más de lo que se disfruto anteriormente.

Aunque con un año de retraso en los textos; bienvenidos a otro capítulo más de mi vida.

Bienvenidos a mi vida con Amo Reaper, espero que disfrutéis leyendo las nuevas actualizaciones, al igual que yo disfruto escribiendo y recordando cada momento al escribirlas.


La cena I

     Hace ya unos cuantos días que Amo no me usa.  Cada caricia termina en un escalofrío que me pone los pelos de punta, El lo disfruta, le encanta ver como me sonrojo cuando me da una caricia que no espero, o cuando me besa cerca de la clavícula. Ya me gane un par de azotes por decirle que es un cabrón (completamente merecido, donde se ha visto que una sumisa insulte a su Amo) aunque no se enfada, le hace mucha gracia ver como me enfado cuando mis palabras solo le sacan una sonrisa ladeada mientras me dice “tu juega Skadi”. Está tramando algo. Lo sé.


Amo esta trabajando, no tardará mucho en llegar. Me dijo cuando se marchó que le preparase algo de cenar, que esta noche llegaría un poco más temprano, casi me caigo de culo. La cocina no es lo mio, se hacer cuatro cosas, lo justo para no morirme de hambre vamos, pero me encanta cocinar, asi que me arme de valor cuando se fue para realizar la mejor cena que esta zorra pudiese darle.

Tras una hora con el ordenador, muchas recetas, y búsquedas para encontrar los lugares a los que tenía que ir, comencé a preparar un par de cosas antes de ir a buscar los ingredientes que me faltaban. *ding ding* miro el móvil y veo que Amo me ha escrito. 


-‘Se que vas a salir a la compra, antes de irte quiero que te rellenes y te quedes asi despues de ir a la compra’ *ding ding* `Añade además a la lista algo que morder, te va a hacer falta, disfruta pequeña. Pd si lo piensas es peor, no quieres sonrojarse por la calle, verdad?¨


    Me puse del color de un tomate sonriente, y fui a cumplir ambas órdenes. Y ahora sí, con una gema en mi culo y un par de bolas chinas salí a comprar. Y os garantizo que fue la media hora más larga y entretenida en mucho tiempo, pero me lo pase genial. Sobretodo cuando me pase por el bazar y tras dar un par de vueltas encontré un hueso para perros con la forma y la dureza ideal, dude un instante, pero tengo seguro que a Amo le encantara verme aun mas como su perra.


Son las 11 de la noche, Amo esta al caer, la cena está lista, la mesa puesta, Amo tiene sus bebidas preferidas frías, ahora solo me queda irme a mi sitio y esperar, no antes de encender una velita sobre la mesa para dar algo de ambiente. Se que Amo se enfadara si me pongo de rodillas en el suelo frío de la entrada, para esperar, asique pongo una alfombra, que poco queda ya de su mullida superficie en el suelo, y debajo de ella tres lápices en cada rodilla, me aseguro de dejar una distancia prudencial para no comerme un portazo cuando llegue y pongo tanto mi collar como mi correa cerca, para poder entregarme cuando llegue. Tras todo eso, procedo a realizar el aseo pertinente antes de cada sesión, mimando todo lo que pueda mi cuerpo para que Amo encuentre a su zorra lista como a Él le gusta.


Doy un último vistazo asegurándome  de que todo esté en orden, arreglo un par de detalles reviso cada centímetro de mi piel una vez mas acaricio mi piel aun sin marcas ni magulladuras. Me aseguro de que todo está perfectamente dispuesto, cuerdas en los extremos de la cama, cuerdas sueltas, y demás, para que pueda llevar a cabo sus deseos con la mayor comodidad. 

Estaba tan atareada que me había olvidado por completo de que tenía mis orificios taponados, pero ahora empieza a doler, me tapo un poco para no pasar demasiado frío mientras espero, y me arrodillo con cuidado sobre los lápices y con mucha cautela le escribo a Amo `su zorra le espera al lado de la puerta, la cena esta dispuesta para usted`

Ahora solo queda esperar, respiro lentamente para tratar de calmar mi corazón, comienzo a sentir como si sus dedos tocan mi piel, por el nerviosismo, va pasando el tiempo, y con él se van mis nervios, esta todo listo para cuando llegue bonita, has hecho todo lo que estaba en tu mano, ahora solo queda esperar y disfrutar, céntrate en los lápices, analiza los puntos en los que te estás apoyando.

No se cuanto tiempo paso, tengo el móvil lejos de mi boca abajo, el ruido de las llaves en la puerta me saca de mis pensamientos, sé que es el por la manera en la que sube las escaleras, respiro hondo.


-Hola pequeña, ¿está la cena lista?

*Buenas noches Amo, tenga (estiro mis manos con el collar y la correa en la palma de estas) está todo dispuesto para usted Mi Señor.

-Bueno, vamos entonces a la cocina (se agacha y me pone el collar apretando lo justo como para poder respirar pero sintiendo la presión, acto seguido tira de mí para levantarme) Que tienes en las piernas? 

-Son lápices Amo, esta zorra siente dolor cuando usted no está.


 Amo se queda mirando para mi con una mirada que aun no se descifrar, no es enfado, creo que es orgullo por la forma en la que me acaricia el pelo antes de tirar del collar de una forma que no me esperaba, y llevarme a rastras hasta la cocina, me suelta la correa un momento, el tiempo de tirar mi alfombra a su sitio para que no me coja el frio y me ordena sentarme.

En cuanto lo hago me señala abajo , se que es lo que tengo que hacer, asique me pongo a cuatro patas y beso la punta de su zapato, lo hago como si de su boca se tratase, con cuidado. antes de que me retire me pide que me quede quieta, se da la vuelta y se asegura de que le haya hecho caso, entre mis nalgas asoma una gema azul con forma de corazón y un cordón, me permite colocarme e mi sitio mientras se dispone a cenar.


Un rato después, aun con comida en el plato me llama, alzo la cabeza y veo como suelta el botón de su pantalón. 

-Zorra, tienes hambre? 

asiento 

-Trae la cuchara de madera que compre el otro dia  dejala sobre la mesa y haz tu trabajo


Me moví lentamente a cumplir la misión mientras terminaba de cenar, disfrutando de mi premio, centrándose en el para olvidar los latidos que la dichosa gema azul me estaba haciendo sentir. 


Amo acabo de cenar, me señalo la puerta y me ordeno que saliese y me colocase mirando a la pared con los brazos a la espalda y las piernas abiertas. Soltó la correa me beso la base del cuello y acto seguido me susurró:


-Espero que estes preparada para esta noche, recuerdas la palabra de seguridad zorra mia? (asenti nerviosa) muy bien, no tengas miedo en usarla, sabes que esto nos gusta a los dos, y ambos lo disfrutamos, esta noche va a doler, pero te prometo que lo vas a disfrutar, anda vete tomate tu tiempo para relajarte, nos vemos ahora. 


Sali temblando de la emocion, me coloque en mi lugar y respire lentamente.

En mi cabeza solo sonaban dos cosas, Amo me quiere, y yo a el, tenemos plena confianza, y conoce cuales son mis limites, asique vamos a disfrutar todo lo que no disfrutamos estos dias.





Tiempo

    Soy consciente de que tengo un poco olvidado a mi rinconcito, pero mi vida está siendo una montaña rusa, está repleta de cambios constantes a los cuales me toca acostumbrarme, y a veces no es fácil.

    Digamos que mi vida va un poco cuesta abajo y sin frenos.  Por un lado, está la relación con Amo, la calma que él me porta no tiene nombre. Es una balsa de aceite en medio de un océano que amenaza con ahogarme. Si hay algo que me calma, es escuchar cómo me llama,  a pesar de la distancia que nos separa, poco mas de 100km, es capaz de hacer que me sienta segura con un par de palabras. Consigue silenciar esa vocecita que todos tenemos en la cabeza.  Consigue que deje de pensar y simplemente disfrute de la compañía que me proporciona, es capaz de hacerme sonreír en los días más duros; Él es capaz de silenciar mis llantos con un par de palabras.

    Desde la última vez que me pase por aquí, Amo y yo nos vimos muy pocas veces. Y esto me hizo pensar sobre lo poco que valoramos la compañía de la gente cuando podemos verla a menudo. Cada vez que le veo mi cara cambia completamente, Él dice que se me iluminan los ojos, saber que ese día podré estar con él unas horas, y después tardaré un mes o más en verle hace que cada segundo sea valioso.

Da igual si es dar un paseo, ir a un parque de atracciones o tener una sesión; cada segundo cuenta. Las noches hablando hasta las tantas, el poder ver películas juntos… son pequeñas cosas que ayudan a que disfrutemos el uno del otro, pero el sentir su mano acariciando mi cara, sentir sus dedos recorrer mi cuello, por muchas veces que se repita, siempre parecen pocas, y cada vez que pasa, es completamente diferente. Aun sabiendo de memoria el recorrido que van a hacer sus dedos sobre mi piel, el orden exacto de las caricias, y el punto exacto donde dejará caer un par de besos. Supongo que cuando uno tiene tan poco tiempo para pasar con la persona a la que quiere cada segundo que tienes para compartir con esa persona es único e irrepetible como en toda relación, pero quizás un poco más especial, por el hecho de saber que no podrás verle en una temporada.

    El darnos cuenta de que no es un “en tu casa en 5” cada vez que queramos vernos, el ver a la persona que quieres mal al otro lado de la pantalla, ver cómo se escurren unas cuantas lágrimas por su rostro y no poder darle un abrazo, un beso, o secarlas con cuidado, darte cuenta de que estas mal, sea por lo que sea, y necesitas sus abrazos, y no los de otra persona cualquiera, necesitas Sus abrazos.

Segundos previos

 

    Sentada sobre el suelo, con la mirada fija, como si tratase de contar todas y cada una de los rayones que tiene el suelo, tratando de estar lo más quieta posible.

Cierro los ojos, solo así puedo prestar la máxima atención al entorno. Necesito saber dónde está, hace solo unos minutos que se fue, pero para mí está siendo una eternidad.

Desde mi posición pierdo la noción del tiempo, aunque tampoco lo necesito. Se que estamos solos en la pequeña casa, podría alzar la cabeza un instante para buscar alguna pista, un rayito de sol, que me diga al menos si es de día aún. Solo el pensar en levantar la mirada me pone nerviosa, ¿y si está justo detrás observando?

Escucho el sonido de puertas abrirse y cerrarse, también puedo distinguir un tintineo, pero no puedo decir de que es, ni si tan siquiera es en casa. A más tiempo en mi posición, mayor es la distancia que hay con el resto de la casa, con todo, menos con Él. Hace ya un buen rato que se marchó de la estancia ordenando que no me moviese, y ¿Quién soy yo para desobedecerle? Él sabe que estoy allí donde él me dejó, con la correa colgada de mi boca, justo como la dispuso, también sabe que por mi cabeza están pasando miles de cosas, aunque la orden es sencilla, tiendo a complicarlo todo.

Es curioso, que en los momentos en los que tendría que estar tranquila, yo solita consigo sacarme de quicio, miles de preguntas a las que no puedo dar respuesta, ¿Qué tendrá en mente? ¿Meteré la pata? ¿Qué pasará si no puedo sobrellevarlo…? ¡¡Cállate ya!! me gritó a mí misma. Él nunca hará nada que no quieras, o que no puedas soportar, te conoce mejor de lo que lo haces tú, solo respira y deja la mente en blanco, no tardará en aparecer.

De la nada en mi cabeza se hace el silencio de nuevo, sé que es cierto, mi vocecita interior tiene razón, respiró profundamente unas cuantas veces, muevo un poco los dedos para evitar que se me entumezcan, y manteniendo la postura lo más intacta posible, espero. Se escuchan pasos por la casa, sale de la cocina, pasa por delante de la puerta, y…. ¿viene? parece que no, los pasos se alejan en dirección contraria, escucho como se abre otra puerta y se cierra.

No sé cuánto tiempo llevo aquí, pero se está haciendo eterno, poco a poco mis rodillas se clavan poco a poco, siento como los granitos de arroz se abren camino en mi piel para acomodarse. A este paso cuando Él llegue no podré levantarme, y mucho menos gatear tras él…

¡¡Puedo oír pasos otra vez!! aquí viene, cada vez está más cerca. La puerta cruje tenuemente. Puedo oír su sonrisa y su cara de satisfacción al ver que no me moví ni medio centímetro de donde me dejó, quiero verle, ver el orgullo en su cara, pero no se me permite alzar la cabeza.

 Se acerca lentamente a mí, pone su mano en mi barbilla y tira de mi mentón, levantando con él mi cabeza, aunque no quiera, mis ojos están obligados a mirarle. Justo cuando nuestras miradas se cruzan noto su mano acariciando mi mejilla, automáticamente tenso mi cuerpo, esperando una bofetada que nunca llega, sonrió en mi interior al poder entregarle la correa otra vez. Al fin Amo está conmigo. Su voz, ahora un poco más grave acaricia mis oídos, con unas pocas palabras:


-Buena chica Skadi, ahora ven.

               

Tratando de hacer el mínimo ruido posible, sacudo unos cuantos granos de arroz que se aferran a mis rodillas, tal y como Él me enseñó, después, comienzo a gatear lentamente a su lado, tengo las piernas un poco entumecidas por la posición que mantuve casi media hora, me acuesto a sus pies, mientras decide que veremos esa noche, tal vez, después decida jugar.

Collares II

     ¡¡Por fin!!. En diciembre del año pasado, escribí un post sobre los collares. En el hablaba de lo importante que era mi collar y de cómo estaba siendo la búsqueda y como estaba siendo la búsqueda de su futuro sustituto, finalizando el post, prometí una segunda entrega, contándoos como terminaba este problemilla.

  Poco después de publicar mi pequeño dilema, terminé por dejar de usar el collar, puesto que, cada vez estaba más delicado. Se separaba el plástico en algunas partes y tanto el cierre como la anilla empezaban a oxidarse. Os mentiría si dijese que dejar ese collar en el fondo del cajón fue tarea sencilla, primero deje de dormir con él en el cuello, después, pase a meterlo bajo la almohada, y un par de semanas más tarde, directo al cajón.

Entre tanto. Cada vez que veía un candidato digno, lo probaba, necesitaba que pudiese llevarlo puesto todo el día, estaba buscando algo cómodo y discreto (incluso más si podía ser que el que tenía), probé collares de perro, cascabeles, distintos materiales, distintos formatos… también revise un par de veces más todos los que tenía por casa, pero nada, unos meses más tarde encontré un collar con la cadena de hilo y un triskel que tenía perdido por casa, y decidí utilizar ese, porque cumplía con todos los requisitos, discreto, cómodo, pequeñito, y estaba relacionado con lo que tenía que estarlo.

Mientras tanto, mis heridas se iban curando poco a poco, retomé a la confianza en mí, comencé a quererme un poco más cada día, me armé de valor y comencé a hablar con Doms otra vez, también comencé a hablar otra vez con gente por redes sociales. Hice todo esto hasta que conocí al que actualmente es mi Amo, comenzamos a hablar sobre los pocos dibujos que tenía en esa plataforma, anime, series, música...y terminamos intercambiando números, (tengo que hacer un post solo para esto, porque la verdad, es algo que quiero dejar por escrito). Comenzó nuestra hermosa relación, yo seguía sin collar, cosa que a Amo no le pareció bien.

Una tarde, estábamos hablando de nuestras cosas, y salió el tema de los collares, soy una persona con gustos peculiares, pero muy muy compatibles con los de Amo, el decidió compartir la pantalla de su pc, para que pudiese ver lo que veía. Comenzó a mostrarme collares, hablamos de pros y contras, de lo que nos gustaba y lo que no de cada uno, pero la cosa se quedó ahí, según él, era mera curiosidad. 

Dos semanas más tarde, quedamos para vernos, Amo me ordeno que cerrase los ojos, me giré y me puso mi collar, el que más nos gustó a ambos, dos correas sencillas de color negro, y en la parte delantera dos cadenas, en el medio de la más larga un corazón a modo de aro. Un collar sencillo, adaptado a como suelo vestirme, y lo mas importante, con un precioso significado tras el.

Ahora podría decir que ya tengo collar y despedirme por unos días de vosotros. Pero la verdad es que no solo se va a quedar en eso, porque si sois lectores de mi diario, sabéis que me gusta dejar siempre una pequeña reflexión al final de cada post, y este no puede ser menos.

             Tengo collar, tengo amor, tengo cariño. Por fin tengo todo lo que necesito, le tengo a Él. 

    Para finalizar, quiero dejar aquí una pequeña nota para Amo.

No tengo otra forma de agradecer todo lo que hace por mí más que estando a sus pies. Con mi mirada fija en sus zapatos, esperando a que escuchar mi nombre para poder alzar la mirada y sonreírle desde mi lugar. Siempre un pasito por detrás, siempre a la altura de su mano. Desde que soy suya, soy más feliz, soy mejor persona, soy simplemente yo. No hay día en el que no me recuerde que soy para Ud., ni uno en el que no me saque una sonrisa. Por esto, y por mucho más, Gracias Amo Rin.  Gracias por aceptarme como suya, por dejarme quererle, servirle y preocuparme por su bienestar al igual que lo hace por mí. Suya.

Un nuevo inicio.

        Hace ya más de dos mes que la distancia nos separó, ambos cometimos errores, errores que con el paso del tiempo fueron dejando una marca cada vez más dolorosa y cada vez más visible. Así hasta el día de hoy, día en el que me tomo la calma de ponerme a  escribir estas líneas.

A día de hoy, la distancia y la separación aún se sienten, aunque ya no duele el silencio en las noches, ya no duele el llorar sin tener quien silencie mis llantos, si duele tener un objeto que me recuerde a Amo cada día, el paso del tiempo hace de las suyas, y esto no iba a ser una excepción. Primero fue enfado, después desesperación, y para terminar tristeza, esta última acompañada con una gran sensación de vacío. Después y muy poco a poco apareció la ansiada indiferencia. Hay cosas que no puedo negar, me duele que Él me escriba, mucho más de lo que parece, duele el hecho que aún utilice ese apelativo cariñoso de vez en cuando. Pero es hora de pasar página. Cada día se me hace mucho más fácil, poco a poco me acostumbro a una nueva rutina, el regreso a la soledad se podría decir.


        Cada día mi muralla vuelve a ser la que era antes de la llegada de Amo, y poco a poco creo que todo podrá ser lo que era antes, mi vida podría ser un mar de calma a su extraña manera, claro está. Por dentro seguiré siendo un caos, mi pequeño gran caos, pero eso es parte de lo que me hace feliz, mis locuras, mi desasosiego, mis pesadillas, mis peleas internas, mis inseguridades... Todo eso siempre formó parte de mi, y así seguirá siendo.


  Si alguien me quiere, va a tener que hacerlo tal y como soy, va a pasar tiempo hasta que ponga en las manos de alguien mi sumisión. hasta entonces, seguiré publicando de vez en cuando en mi querido diario, todas y cada una de mis reflexiones,  me tomaré con calma el hecho de escribirlas, pues quiero que, como hasta ahora, mi diario se mantenga en la misma línea.


Por ahora me despido aquí, espero que mi diario siga siendo digno de robaros a vosotros, mis queridos lectores un poco de vuestro preciado tiempo.


Amor propio, aprender a valorarse.

        A mi punto de vista, la vida es una serie de golpes enlazados entre sí, en los cuales, hay un mínimo periodo de tiempo, uno en el que piensas que todo esta mejorando, que poco a poco vas a levantar cabeza, y justo cuando sientes que estás a punto de rozar la cima del montón de mierda, justo ahí, nuestra querida vida nos pega otra hostia que nos manda al punto de partida, y con la caída, uno se entierra aún más. En resumen, cuanto más arriba, más grande la leche y más hondo cae uno.


Teniendo esto en cuenta, os podréis dar cuenta de mi nivel de optimismo para todo. Para mi, todo se basa en levantar cabeza después de cada golpe. Y eso implica estar mejor en todos los sentidos: estar más delgada, de mejor humor, dejar de morderme las uñas, etc. En fin, esperan que pase a ser la típica muñeca que da el estereotipo femenino “ideal”, lo que no soy. Todo esto se suma a la presión social que ya existe: las redes sociales, la industria de la moda y de la estética. Todo esto dio como resultado una necesidad enorme de encajar en un molde, uno con una talla XS.


Por aquellas yo estaba hasta las cejas de medicación, que alteraba mi sueño, mi estado de ánimo, mi apetito. En fin, todo en mi vida estaba controlado por una pastilla, que además de controlar, descontrolaba. Esa medicación altero mi peso, mis hormonas, y además deje de tener sueño. Para resumir, perdí el control de mi vida de la noche a la mañana. A partir del primer mes, no comía y aumentaba dos o tres quilos por mes, hasta llegar a pesar 87 kg con 16 años, en ese punto mi vida no tenía rumbo. En este punto, necesitaba parar, la gente me miraba mal por la calle, mis familiares se pasaban el día diciéndoles a mis padres o a mi que tenía que adelgazar, que estaba demasiado gorda. Lo que no sabían ellos es que yo ya lo había intentado, pero no lograba nada. Hasta que descubrí qué, si yo comía pero lo vomitaba, adelgazaría, supuestamente rápido. Así que empecé a hacerlo. Comía menos y procuraba que fuese siempre comida que no me diese problemas después. Yo no sabía que esto era un problema psicológico, así que en cuanto lo supe, trate de ponerle solución. Si es cierto, me gustaba adelgazar así de rápido, pero mi cuerpo se resentía con cada movimiento. Yo no era tonta y sabía que si seguía así no lograría nada más que, en cuanto recupesrase mis hábitos, ponerme como estaba. Tras un año de terapia psicológica, un seguimiento continuo desde esta y citas con nutricionistas, logre ponerle freno.  Fue algo que me duró unos meses y que ya comenzaba a hacer de las suyas en mi cuerpo.


Me mantuve en los 80 kg durante mucho tiempo hasta que llegó la cuarentena, y con ella muchas horas libres. Así que me puse a hacer ejercicio Los primeros días terminaba demacrada. Era una paliza sobre otra. Primero 39 minutos de caminata, después 40, y al día siguiente 45, para llegar a casa y después de cenar. Practicaba un poco de todo. Los primeros días era yoga, y a la segunda semana, comencé a hacer elasticidad, y fortalecer mis músculos. Llegó así un momento en el que mis ejercicios posteriores a la cena tenían una duración de dos horas en total, las cuales amenizaba con música y una llamada telefónica. Al principio lo hacía por aburrimiento, pero llegó un punto en el que me lo pedía el cuerpo para poder dormir, me encontraba demasiado activa como para meterme en la cama.


Cada día contemplaba mi cuerpo ante el espejo completamente desnuda. Al principio notaba que mi cuerpo no tenía, por así decirlo, una forma definida. Sobre todo las primeras semanas me costaba hacerlo. Con el paso del tiempo, mi cuerpo comenzaba a perder grasa, pero con su pérdida ganaba marcas en la piel, estrías. 

 Y en una futura tarde de compras, pasé de una talla 48 a una 36 en tres meses… ¿Qué decir? Es un cambio al que a uno le cuesta acostumbrarse, pero el cuerpo lo agradece.


En este punto, es cuando en mi caso comenzó a darse un pequeño empujón de ánimos y autoestima. Tras una cuarentena y un cambio de fase me deje ver fuera de casa por primera vez.  Aunque encontrar ropa más allá de un pijama que me sentase bien para salir a la calle fue algo difícil. Pasaba más de una hora poniendo prenda tras prenda y nada se ajustaba a mi cintura. Cuando encontré una falda suelta y una camiseta medio decente, me puse mis sandalias y salí de casa. Al llegar a lugares que frecuentaba siempre, la gente me miraba cómo si fuese de marte, hasta que me saludaban y se daban cuenta de que era mi voz. ¿Dónde estaba mi cuerpo? Todos preguntaban lo mismo. Y los típicos comentarios: "que guapa estás" "¿qué has hecho?" y demás. En ese momento, y al poder mirarme al espejo a diario, comprendí que por fin mi cuerpo era el que algún día fue. Mi cintura estaba mucho más estrecha, mis costillas se marcaban lo justo, y mi cadera tenía su tamaño exacto, por fin era yo.


No os voy a engañar, aún a día de hoy me encuentro defectos a diario. Aún hoy encuentro pegas que ponerme, pero cada día, cada vez que veo mi reflejo en algo, yo respiro profundamente y me digo a mi misma que no hay nada que me pueda frenarme ahora.


La distancia y la sumisión.

    Como se pueden imaginar, en cualquier relación es necesario el contacto físico, un poder ver, besar, abrazar… Y una relación D/s no es menos que las demás. 

Es muy importante poder sentir el cuerpo del Dom, estar en posición con los ojos clavados al suelo y escuchar sus pasos en la madera del suelo, es importante sentir el levísimo sonido de apoyar cualquier objeto sobre la cama, el querer mirar y no poder, es importante sentirse inmóvil, y al mismo tiempo libre, y eso es algo muy difícil de lograr cuando una persona sumisa está sola.

Muchas veces, tras una sesión el cuerpo es el que menos cuidados necesita, (ojo, no descuiden ni menosprecien nunca un buen aftercare: curar posibles heridas, tanto físicas como psicológicas que puedan ocurrir en la sesión) que, con un abrazo que de sensación de protección, basta al menos para aliviar esa sensación, de estar al límite de mil cosas, el sentir, que si la sesión durase dos minutos más, no lo soportaría ni el cuerpo ni el alma. Pero al mismo tiempo sentir que la parte más  intensa ya pasó, y ahora es el Dom el que presta toda su atención en hacer que la sumisa se sienta mejor que nunca, reconfortándola con lo que necesite.

La distancia no es plato de buen gusto para nadie, eso ya es sabido por todos. Sean o no de la comunidad BDSM, saben lo mal que se pasa al necesitar el abrazo de alguien, o sentir una caricia inesperada, desearla con toda la fuerza del mundo y no poder hacer nada con respecto a ello, esa sensación de impotencia es algo que duele, y duele mucho más de lo que cualquier persona pueda creer.

No se puede negar tampoco, que un dominante lo pasa mal al ver sufrir a su sumisa por algo que él, en caso de estar en su presencia podría remediar y mitigar esa sensación.


Y aquí volvemos a las preguntas de quienes me leen ¿Qué trato de decir yo con todo esto? Las miles de sensaciones escritas con las que trato de expresar mis sentimientos hacia lo que, a día de hoy, es de mis mayores torturas. La distancia, es algo que no se suele tener en cuenta a la hora de hablar de BDSM. Si se pregunta a la gente la mayoría diría que es algo de parejas cercanas, no se imaginan dichas escenas que tantas veces buscaron en una pestaña de incógnito (no se hagan los santos y las santas, todos sabemos que lo hacen jajaja) realizadas por parejas a 800, 900, 1000 o más kilómetros de distancia, a las cuales no les es posible verse tanto como les gustaría. Así que piensan que eso es imposible, pero damas y caballeros, permítanme decirles que están equivocados.


Además de eso, está esa sensación de soledad, que asoma la patita cada día que una está de bajon, cada día en el que necesito un abrazo, una caricia, un beso. En esos momentos en los que simplemente uno necesita un abrazo silencioso en el que se demuestra todo sin decir nada, esa sensación de protección que no necesita nada más.


¿Cúal es la diferencia entre estar con amo, o sin él? La verdad hay muchas, Amo es una persona con la que puedo sincerarme. Puedo decirle cuando necesito estar con él, todos y cada uno de los momentos en los que necesito cariño, como sumisa, como persona, como ser vivo en sí. Todo esto ya pasaba antes de ver a Amo, ya necesitaba cariño de su parte. Y cuando pude verle, cuando pude sentir la piel de Amo sobre la mía, sentir su mano azotándome, acariciándome, rodeando mi cintura, esa sensación de que todo era real, de que Amo no era una cosa que mi cabeza se había montado, o quizás algún loco por ahí que tenía ganas de tocar las narices (por decirlo finamente). Y pudiese estar jugando conmigo; esa sensación fue para mi de las mejores del mundo, pues por una vez, estaba con quien quería estar, y cuando quería, él donde… lo dejamos en incógnita mejor jajajaja. Esa sensación de piel con piel, es la que se necesita en esos momentos (sobre todo la última cuando es un día chof).


Yo me despido aquí por hoy, tras un día largo de darle al coco para saber cómo explicar esta sensación, de una forma en la que más o menos se entienda lo que pasa por mi cabeza, cosa que muchas veces no entiendo ni yo, pero poco a poco, van tomando forma.


Collares



    Mi búsqueda de un collar sustituto al que tengo está siendo una locura. Quién me diría a mí, que un collar que compre en una tienda de un centro comercial, por antojo, de tener uno en concreto que estaba en el pack, me iba a dar, años más tarde, tantas sensaciones al ponerlo sobre mi piel. Que haría que mi mente pasase a otro estado, que cambiase completamente. Que pasara de mi lado más temperamental, (el mismo que no acata órdenes, ni acepta un no por respuesta) a dormir en una esquinita, y que mi naturaleza pueda salir tranquila a la luz, dejando que mi cuerpo se relaje completamente. Un simple collar transparente con un aro en la parte central. Uno que nunca me ponía por dos razones. La primera, la comodidad. Pensaba que ese aro me tenía que hacer daño a narices porque su ancho era casi el de mi cuello, y la cinta era un poco más estrecha. Pero el motivo principal era la gente, que me miraba de una forma muy extraña cuando lo llevaba por la calle. Era como si llevase un cartel colgado al cuello que ponía con letras bien grandes “tengo un collar de perro, sí ¿Qué pasa?”. Y esa sensación me hacía sentir incómoda, sabía que era un collar simple, pero poco usual, y que la gente se fijase en él me incomodaba mucho. Así que deje de ponérmelo hasta que entre en el BDSM.

    Una tarde, leyendo una entrada de un blog sobre los collares, me di cuenta de que sin saberlo tenía infinidad de collares con estética BDSM. Algunos cintas anchas con tachuelas metálicas, otros un poco más simples, finas cadenas plateadas con pequeñas piezas negras, e infinidad de anillos con aros, de colores y tamaños diferentes, (de los cuales, muy a mi pesar tuve que tirar, por un inmenso nudo que me costaba más deshacer que comprar cada collar de nuevo). Tras revisar sobre por sobre de mi cajita, noté que había un collar aún en su envoltorio, y al sacarlo, me di cuenta de que era mi collar, al menos hasta que un amo decidiese lo contrario.

    Comencé a ponérmelo, mientras trataba de ignorar todas aquellas miradas, que trataban de escudriñar en mi con diferentes preguntas. Querían saber el porque me ponía ese collar, ese en concreto, y no me lo quitaba del cuello ni para dormir. Simplemente, comencé a responder que lo hacía por gusto, ignorando mensajes y comentarios que decían que era como el de un perro, (normalmente era gente cercana a la que respondía que sí se asemejaba al de un perro sería por que yo también lo era, obviemos que lo decía entre risas y de modo jocoso, aunque los que me leen, saben que lo decía muy en serio). Pase tanto tiempo con dicho collar al cuello, que el día que Amo me dijo que ese collar se quedaría solo para sesionar, sentí que me quitaban una parte de mí, me sentía completamente desnuda, aún con mil prendas de ropa. Muchas veces le pedí a Amo ponérmelo para ir a algún sitio, pero, a menos de que el collar para salir a la calle se estropease (una cadenita simple plateada y un cascabel que en un inicio era verde) tenía prohibido llevarlo, y aún así, tenía que pedirle antes permiso Amo, y dependiendo de a dónde fuese, no me lo podía poner.

    Y ahora llegamos a mi pequeño gran dilema. Hasta que esté con Amo, él no me dará mi collar, así que yo me busco la vida para encontrar un sustituto. Una tarea que creía sencilla, pero que cada día me desespera más. Ese era “el” collar, muy semejante a mi personalidad, y a mi nuevo yo. Esa chica que pasa de ser un conejillo asustado a ser un magnífico cruce entre mastín y lobo (aunque soy pequeñita mi personalidad es algo así cuando me enfado jeje) y eso es algo que quiero reflejar en mí, en todos y cada uno de los aspectos de mi vida.

    Llegados a este punto de la lectura, al menos una persona se estará preguntando: ¿Para qué quiere esta chica guardar ese collar? Pues la respuesta es en realidad muy sencilla. Para mí, ese trocito de plástico y metal, representa miles de momentos y sensaciones, tanto buenos como malos. En él está, por así decirlo, el primer punto de cambio de mi vida, al menos de un modo tan drástico. Ese collar, dejo ver quien soy, y me demostró a mi misma, que no necesito de la aprobación de extraños para sentirme bien. Simboliza lo poco que me tiene que importar el cómo me mire la gente al ir por la calle, algo que para muchos, con autoestima alta o normal no sería gran problema, pero, para mí, y con mi historia, sí lo es. Una historia que algún día contaré entera, pero para ello, me hará falta mucho tiempo, al igual que me hace falta con Amo, para profundizar en sus detalles y tratar de hacer de ellos simplemente un recuerdo, y no algo que afecte a mi día a día. Labor, que por cierto, he de agradecer a mi amo una y mil veces, porque si no fuese por él, hoy no estarían leyendo este insignificante texto colgado en un pequeño rincón de la red.


   Pronto sabrán más de mi gran dilema con los collares, y si algún día encontraré un sustituto para “el collar”. 


Otra noche

  Estoy sentada en el ordenador, llevo toda la tarde entre apuntes y papeles, creo que estoy empezando a rozar la borrachera por exceso de i...